Tu idea de crear empresa no vale nada

David Niño Herrán,Emprendimiento

Todos hemos tenido una idea millonaria alguna vez.
Esa aplicación que “nadie ha hecho”.
Ese producto que “revolucionaría la industria”.
Esa visión que —según tú— cambiaría la vida de millones de personas.

Pero déjame decirte algo que nadie suele decir con tanta claridad:
tu idea, por sí sola, no vale nada.


1. Las ideas son baratas, la ejecución no

El mundo está lleno de genios que nunca ejecutaron.
Personas que llevan años diciendo “yo pensé eso antes de que lo sacaran” como si eso tuviera algún mérito.

Las ideas no cambian el mundo.
Los productos sí.
Y los productos no nacen de pensar, nacen de ejecutar, ajustar, equivocarse, y volver a ejecutar.

El 99% de las ideas mueren en libretas, notas de voz y conversaciones de café.
El 1% que sobrevive es el que alguien se atrevió a lanzar aun sabiendo que no estaba listo.

La diferencia entre un emprendedor y un soñador no es la idea, es la acción.


2. El mito del “producto perfecto”

Muchos fundadores novatos cometen el mismo error:
crean en silencio durante años, construyendo un producto que nadie ha visto, probado o validado.
Y cuando finalmente lo lanzan… el mercado ya cambió.

La obsesión por la perfección es la forma más elegante de postergar.
Porque construir en secreto no es estrategia, es miedo disfrazado de planeación.

Si tu producto necesita tres años de desarrollo antes de salir al público, ya perdiste.
El mercado no te va a esperar.


3. Construye un MVP y sal a validar

En vez de perseguir la perfección, persigue la validación temprana.

Tu objetivo no es tener la mejor versión, sino la más probada.
Eso se llama MVP (Minimum Viable Product): la versión mínima que resuelve un problema real y te permite aprender lo antes posible.

Ejemplos reales:

Cada uno de ellos entendió que el objetivo no era impresionar, sino comprobar si la idea merecía existir.

Tu MVP no debe ser bonito.
Debe ser honesto: ¿la gente realmente lo usaría?


4. Fracasa rápido, aprende más rápido

El fracaso no es lo opuesto al éxito.
Es el método más eficiente para alcanzarlo.

Mientras muchos siguen planeando, otros están aprendiendo del mercado a base de errores.
Y ese aprendizaje no se consigue leyendo ni soñando: solo ejecutando.

La filosofía es simple:
Muchos pasan años construyendo para evitar fracasar, sin entender que lo que realmente necesitan es fracasar rápido, tantas veces como sea necesario, hasta descubrir que en el proceso dejaron de fracasar porque ya tenían un producto maduro.

Cada iteración te enseña algo.
Cada error te da una ventaja que los que no lanzan jamás tendrán.
Porque el éxito no llega con la idea correcta, sino con la cantidad correcta de correcciones.


5. Deja de pensar como inventor y empieza a pensar como constructor

Los inventores esperan inspiración.
Los constructores se ensucian las manos.

El inventor busca reconocimiento.
El constructor busca resultados.

El inventor dice: “nadie ha hecho esto antes”.
El constructor dice: “nadie lo ha hecho funcionar todavía”.

Y esa diferencia de mentalidad lo cambia todo.
El mundo no necesita más soñadores con presentaciones bonitas.
Necesita personas que ejecuten, validen y ajusten a velocidad de mercado.


6. Ejecutar también es una habilidad

Ejecutar no es “salir corriendo”.
Ejecutar bien significa:

Si no aprendes a ejecutar, te convertirás en el tipo de persona que siempre dice:
“si tan solo tuviera capital…”,
“si tan solo tuviera un equipo…”,
“si tan solo tuviera tiempo…”.

La verdad es que no necesitas nada de eso para empezar.
Solo necesitas moverte.


7. Cierre

Tu idea vale exactamente cero hasta que alguien la usa, la paga o la recomienda.
Y no hay pitch, ni presentación, ni discurso motivacional que cambie eso.

Deja de proteger tu idea como si fuera oro.
No vale nada encerrada en tu cabeza.
Vale cuando alguien la toca, la prueba y te dice lo que no funciona.

No ganan los que piensan más.
Ganan los que se atreven a lanzar antes.

Así que deja de hablar de tu idea y lánzala ya, aunque no esté perfecta.
El mercado no premia la intención, premia la ejecución.


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2025 David Niño Herrán