Años de experiencia, el KPI más inútil de la ingeniería
En casi todas las ofertas laborales pasa lo mismo:
“Buscamos desarrollador con 5+ años de experiencia.”
Pero nadie dice qué tipo de experiencia.
Y ese es el error que seguimos repitiendo como industria.
Hay una diferencia abismal entre tener diez años haciendo lo mismo
y tener un año resolviendo diez cosas diferentes.
La trampa del calendario
El tiempo no enseña nada por sí solo.
Puede pasar una década y seguirás cometiendo los mismos errores si nunca tuviste que enfrentarte a un sistema roto, un cliente furioso o un producto que debía salir en 24 horas.
Decir “tengo 10 años de experiencia” no significa mucho si esos años fueron copias idénticas del primero.
La verdadera experiencia se acumula en base a exposición, presión y aprendizaje activo, no a horas facturadas.
El efecto startup: 1 año ≠ 1 año
Trabajar en una startup es como aprender ingeniería en modo fast-forward.
Los equipos son pequeños, los roles se mezclan, y todos hacen un poco de todo.
Eso significa que en un año puedes haber tocado:
- Backend, frontend, y despliegue.
- Integraciones con servicios externos que fallan el viernes a las 6 p.m.
- Decisiones de arquitectura sin tiempo para consultarlas con nadie.
- Bugs en producción que te obligan a entender infraestructura real.
Ese tipo de experiencia no se mide en meses.
Es densidad de aprendizaje.
Y a veces vale más que una década en una empresa donde todo está tan controlado que nunca tuviste que pensar por ti mismo.
El efecto corporativo: la comodidad que adormece
En una corporación tradicional, la mayoría de ingenieros se mueven dentro de una franja de responsabilidad fija.
Cada quien tiene un pedazo del sistema, con límites bien definidos.
Y aunque eso puede ser eficiente, también es un anestésico profesional.
No te enfrentas al caos, no tomas decisiones difíciles, no ves el impacto completo de tu código.
Todo está encapsulado: tus tareas, tus entregas y tu crecimiento.
Por eso, 10 años en ese entorno pueden parecer 1 año repetido 10 veces.
No por falta de talento, sino por falta de exposición.
Los títulos que confunden más de lo que orientan
Cuando sumas esto a la obsesión con los títulos —junior, senior, staff, principal—, el panorama se distorsiona más.
Un senior en una corporación puede tener menos criterio técnico que un mid-level de una startup que vivió mil incendios en un año.
Y sin embargo, el sistema sigue usando el reloj como métrica de madurez.
Eso no es medir experiencia,
es medir permanencia.
Qué significa realmente tener experiencia
La experiencia real no se construye con tiempo, sino con decisiones difíciles y retrospectiva consciente.
Cada error que entendiste de fondo vale más que un mes de trabajo sin fricciones.
Cada vez que resolviste un problema sin un manual, acumulaste experiencia real.
Cada vez que viste cómo tus decisiones afectaban al negocio, creciste más que con cualquier curso.
Por eso hay personas con tres años que ya piensan como arquitectos,
y otras con quince que siguen esperando instrucciones.
¿Entonces los años no importan?
Importan, pero solo si vienen acompañados de evolución.
El tiempo es un multiplicador, no un maestro.
Un año de aprendizaje intenso te empuja.
Diez años sin desafíos solo te desgastan.
Y no es culpa del ingeniero.
Muchas veces es el sistema el que incentiva la estabilidad por encima del crecimiento.
Mientras más predecible seas, más útil pareces.
Pero la estabilidad sin evolución es la antesala de la irrelevancia.
💬 Conclusión
La industria tecnológica necesita dejar de usar los años de experiencia como atajo para medir competencia.
Porque la experiencia real no está en el reloj, está en las cicatrices.
- Está en el rollback que hiciste a las 3 a.m.
- En el producto que falló y aprendiste por qué.
- En el sistema que reescribiste porque el primero no escalaba.
- En la humildad de volver a aprender cuando algo cambia.
Así que, si llevas poco tiempo en esto, no te sientas menos.
Y si llevas mucho, asegúrate de seguir incómodo.
Porque al final, la verdadera experiencia no se mide en años.
Se mide en cuánto cambió tu forma de pensar desde el primer commit.
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2025 David Niño Herrán