¿Por qué los ingenieros de software deberíamos ser filántropos?
No es un secreto: el software reemplaza trabajos.
Cada línea de código que automatiza un proceso está haciendo más eficiente a una empresa… y muchas veces dejando obsoleta una función humana.
Y no, no es culpa del ingeniero.
Pero sí es nuestra responsabilidad entender el impacto de lo que construimos.
En la carrera por innovar, optimizar y escalar, pocas veces nos detenemos a pensar en lo que la tecnología deja atrás: personas, profesiones, oficios, rutinas enteras que desaparecen cuando un sistema entra en producción.
Por eso creo que los ingenieros deberíamos ser, al menos un poco, filántropos.
1. La paradoja de la eficiencia
El propósito del software es hacer la vida más fácil.
Pero a nivel macro, también desplaza trabajo humano.
Un sistema de facturación reemplaza a cinco personas que digitaban datos.
Un chatbot reduce el número de agentes humanos en un call center.
Una IA que clasifica imágenes elimina decenas de tareas de revisión manual.
Desde el punto de vista técnico, eso es progreso.
Desde el punto de vista social, eso deja vacíos.
No se trata de sentir culpa por automatizar, sino de entender que nuestra eficiencia tiene consecuencias humanas.
Y ante eso, el mínimo ético sería devolver algo de lo que generamos.
2. La filantropía no siempre se mide en dinero
Ayudar no siempre significa abrir la billetera.
Significa usar tus habilidades para mejorar el mundo, aunque sea en una escala pequeña.
Un ingeniero puede aportar de muchas formas:
- Dando mentoría gratuita a desarrolladores.
- Creando software para ONGs o fundaciones que no pueden pagar consultorías.
- Automatizando procesos en hospitales, escuelas o refugios donde cada minuto ahorrado significa más ayuda real.
- Contribuyendo a proyectos open source que tienen impacto social.
La filantropía técnica no se mide en donaciones, sino en transferencia de conocimiento y tiempo.
3. Devolverle algo a la humanidad que ayudamos a transformar
A veces olvidamos que la tecnología no es neutral.
Cada innovación crea nuevas oportunidades, pero también redistribuye el poder: quién tiene acceso, quién se queda fuera, quién entiende y quién no.
Los ingenieros de software estamos en el núcleo de esa redistribución.
Y si no equilibramos esa influencia con empatía, terminamos construyendo un mundo eficiente pero injusto.
Ser un poco filántropos no es solo “hacer el bien”; es asumir responsabilidad moral por el impacto de nuestras creaciones.
Porque si ayudamos a una empresa a ahorrar millones, también podemos ayudar a una comunidad a sobrevivir un poco mejor.
4. La deuda invisible de la automatización
Cuando automatizamos un trabajo repetitivo, liberamos tiempo humano.
Pero si ese tiempo no se reinvierte en aprender o reinventarse, solo creamos desempleo más sofisticado.
Por eso, parte del rol del ingeniero moderno debería incluir educar, compartir y guiar.
Ayudar a que las personas entiendan la tecnología, no temerle.
Porque el verdadero progreso no está en reemplazar humanos, sino en elevar sus capacidades.
Automatizar sin educar es acelerar la desigualdad.
5. Cómo empezar (sin grandes gestos)
No necesitas fundar una ONG para hacer la diferencia.
Puedes empezar con acciones pequeñas pero consistentes:
- Participa en programas de mentoría o hackathons con propósito social.
- Dona parte de tu tiempo a enseñar programación a niños o comunidades vulnerables.
- Contribuye a proyectos de código abierto que tengan impacto ambiental, educativo o social.
- Ofrece voluntariado técnico a organizaciones locales.
Cada acción cuenta.
Y si cada ingeniero aportara un 1% de su tiempo a mejorar algo fuera del circuito corporativo, el impacto sería enorme.
Reflexión
Ser ingeniero no solo es construir sistemas, también es construir futuro.
Y ese futuro, si lo dejamos solo en manos de la eficiencia, será frío, desigual y ajeno.
La filantropía en ingeniería no es un lujo moral; es una forma de equilibrio.
Si con nuestro trabajo ayudamos a automatizar el mundo, también deberíamos ayudar a humanizarlo.
Por esa razón, nace este blog —entre otras cosas— es uno de mis intentos de marcar una pequeña diferencia, de aportar un poco de lo que he aprendido. Te lo dejo para que lo pienses: ¿cómo puedes tender una mano a quienes hacen posible tu día a día? A las personas que cultivan y preparan la comida que llega a tu mesa, a quienes te transportan, cuidan tu casa o la mantienen limpia. Detrás de cada gesto cotidiano hay alguien sosteniendo el mundo en silencio. Y reconocerlo, ya es un acto de cambio.
Este blog no se trata de moralidad, pero si tienes que llevarte algo, que sea esto: si no puedes hacerlo desde la ingeniería, hazlo desde la empatía. Da las gracias. Trata bien a quienes te sirven. No le pases por encima a quien limpia el piso. No tires basura pensando que “alguien la recogerá”.
Sé empático. Si todos lo intentaramos, el mundo sería muy distinto.
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2025 David Niño Herrán