¿Y por qué no creas tu empresa?

David Herrán,Emprendimiento

La pregunta aparece en todas cenas familiares, en todas las cervezas post-conferencia y hasta en la sopa: “¿Y por qué no creas tu empresa?”.
Suena inspiradora. Suena lógica. Suena como el siguiente paso natural después de dominar un stack. Pero la verdad —cruda y sin maquillaje— es otra: crear una empresa no es un ascenso, es un cambio de juego. Y no todos deben, ni todos quieren, jugarlo.

Este post es directo: no se trata de decir “no emprendas”. Se trata de entender por qué emprender es una elección de vocación, no una obligación de currículum. Si vas a hacerlo, hazlo por las razones correctas; si no, haz otra cosa y hazla bien.


🚫 Vocación vs. obligación: el gran malentendido

La narrativa cultural promueve la idea de que “ser fundador” es la cumbre profesional. Esto empuja a talento técnico brillante a salir del lugar donde son más valiosos —el código, la arquitectura, la mentoría técnica— para entrar en un mundo donde esas habilidades no solamente no se valorizan igual, sino que a veces estorban.

Hay dos errores frecuentes:

  1. Creer que emprender es la única forma de crecer. No lo es. Existen rutas técnicas y de liderazgo que permiten impacto, salario y reconocimiento sin renunciar al oficio.
  2. Creer que emprender es un atajo a la libertad. La libertad se paga con responsabilidad: clientes, facturas, contrataciones, cumplimiento, impuestos. Ser “tu propio jefe” significa que ahora todos los problemas del negocio son tuyos.

No confundas movimiento con avance. Dejar de programar para sentarte en una oficina a firmar contratos no te hace mejor profesional. A veces te hace menos útil.


💼 Emprender es multiplicar responsabilidades, no liberar tiempo

Rompe el romanticismo: ser fundador multiplica las fricciones.
Si antes tenías un entregable técnico, ahora tienes cinco: producto, ventas, dinero, gente, soporte. Y ninguna de esas es trivial.

Si no disfrutas lidiar con personas, flujos de caja y burocracia, lo más probable es que termines odiando tu idea y a ti mismo.


💡 Ideas son baratas; ejecución y supervivencia son lo que cuentan

En otro post hablo más a fondo sobre esto, pero te lo resumo aquí: Tu idea no vale nada hasta que alguien la usa y paga por ella.
He visto ingenieros pasar años puliendo un producto “perfecto” en una burbuja de validación personal. Resultado: lanzamiento tarde, mercado cambiado, producto obsoleto.

La ley que funciona es esta: iterar rápido, aprender más rápido, y asumir fracasos baratos. Si temes fallar, no emprendas. Si temes lanzar algo medio hecho, recuerda que la perfección es el disfraz del miedo.


⚙️ ¿Fundar o profundizar? La pregunta que pocos se hacen

Antes de renunciar, pregúntate: ¿qué te mueve más, resolver problemas técnicos difíciles o construir un negocio que venda soluciones?
Si tu pulso se acelera con un bug complejo, con una optimización de rendimiento o con diseñar un sistema distribuido, entonces tu lugar quizá sea técnico. Si los números, el producto y la gente te excitan más que el código, entonces emprender puede tener sentido.

No confundas ambición con vocación. La ambición puede empujarte a hacer algo que no disfrutas. La vocación sostiene el esfuerzo cuando las cosas se ponen feas.


👥 Riesgos reales (no románticos) de salir a emprender sin preparación

Si tu respuesta a “¿por qué no creas tu empresa?” es un chapoteo emocional, para y evalúa. No idealices la narrativa del fracaso glorioso; respeta el riesgo.


✅ Cuándo sí deberías considerar seriamente emprender

No es que nunca. Hay circunstancias donde lanzarte tiene sentido claro:

Emprender con estas condiciones no garantiza éxito, pero reduce la probabilidad de “morir por inexperiencia”.


🛠️ Si decides quedarte: cómo exprimir valor estando empleado

Quedarte no es conformismo; es estrategia. Hazlo con propósito:

Quedarte bien implica no estancarse; implica profundizar y escalar tu impacto desde la posición que ocupas.


🧭 Rutas híbridas: la forma inteligente de probar la idea

Si tienes una idea pero no quieres renunciar todavía, prueba esto:

  1. MVP nocturno o fin de semana: lanza algo usable antes de dejar tu empleo.
  2. Validación de mercado antes de código: habla con clientes, vende la idea o haz landing pages.
  3. Contrato piloto con un cliente real: si alguien firma por tu solución, tienes tracción.
  4. Busca un cofundador comercial si no te gusta vender: divide el riesgo.
  5. Acuerda un timeline realista y señales de salida (milestones).

Esto reduce el romanticismo y pone a la idea en contacto con la realidad antes de hipotecar tu vida.


🔥 Palabras finales (directas y sin edulcorar)

Crear empresa es glorificado como el camino del héroe. No lo es siempre.
A menudo es una ruta de dolor, aprendizaje brutal y responsabilidad infinita. No todos deben recorrerla. No todos deben intentar “ser su propio jefe” como rito de paso.

Hazte responsable de tu elección:

La pregunta correcta no es ¿por qué no creas tu empresa?
La pregunta correcta es ¿por qué quieres crearla, y estás dispuesto a pagar el precio real por ello?

No todo el que puede, debe.
No todo el que debe, puede.
Y entender esa diferencia es la señal de un profesional maduro.

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2025 David Niño Herrán